01 septiembre, 2014

La importancia de la calma

Un día de comienzos del invierno, yo me hallaba atravesando un puerto de montaña de una carretera de León cuando, de pronto, mi vehículo se vio atrapado en una fuerte ventisca. La cegadora blancura del remolino de nieve era tal que, por más que entornara la mirada, no podía ver absolutamente nada. Disminuí entonces la velocidad mientras la ansiedad se apoderaba de mi cuerpo y podía escuchar con claridad los latidos de mi corazón. Me puse muy nervioso.

Pero la ansiedad terminó convirtiéndose en miedo y entonces detuve mi coche a un lado de la calzada dispuesto a esperar a que amainase la tormenta. Media hora más tarde dejó de nevar, la visibilidad volvió y pude proseguir mi viaje. Unos pocos centenares de metros más abajo, sin embargo, me vi obligado a detenerme de nuevo porque dos vehículos que habían colisionado bloqueaban la carretera mientras el equipo de una ambulancia auxiliaba a uno de los pasajeros. De haber seguido adelante en medio de la tormenta, es muy probable que yo también hubiera chocado con ellos.

Reflexiona sobre la pequeña historia que acabas de leer y contesta a estas preguntas:

- ¿Qué hizo al notar que se ponía muy nervioso?
- ¿Qué crees que hubiese pasado si hubiera decidido continuar?
- ¿Crees que es útil detenerse y calmarse cuando uno se pone nervioso? ¿Por qué?
- ¿Cómo cambiaría tu vida si decides pararte siempre que te pongas nerviosa o alterada?

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