23 diciembre, 2014

Hablemos de la Ansiedad

“Esta ansiedad va a poder conmigo”, “estoy muy nervioso, ¿qué me pasa?”, “como siga así me va a dar un infarto”, “¡moriré de ansiedad!”. Estas y otras expresiones son muy típicas en personas que están sufriendo alguna experiencia de carácter negativo (protagonizar una discusión), o incluso en situaciones que escapan un poco a nuestro control por ser la primera vez que la vivimos (conducir). Todos conocemos muy bien cuáles son los síntomas físicos de la ansiedad pero, ¿realmente la conocemos? ¿Sabemos por qué aparece o simplemente lo vemos como algo desagradable que hay que evitar a toda costa?

Vamos a imaginar por un momento que vamos caminando tranquilamente por la calle. Nos disponemos a cruzar por un paso de peatones que tenemos en verde pero, ¡atención! De repente nos giramos y observamos cómo un coche a toda velocidad se ha saltado el semáforo en rojo y viene hacia nosotros. De un momento a otro pasamos de estar tranquilos a sentir una especie de oleada de calor que nos activa por completo. Puede durar medio segundo, pero es suficiente para que nuestro cuerpo se ponga a cien por hora, y esto se traduce en que nuestro cuerpo reacciona ante el peligro evidente. Esa reacción puede ser, en este caso, correr para evitar ser atropellados. ¿Qué ha pasado aquí?
Ni más ni menos nuestro cerebro se ha percatado de que hay una alta probabilidad de que nos suceda algo negativo y envía señales a nuestro cuerpo para que se ponga en marcha para ponernos a salvo. La ansiedad es una manifestación afectiva y una experiencia interna que tiene la persona en un determinado momento. Cuando tenemos ansiedad, o cuando nuestro cerebro nos avisa para que nos pongamos a salvo, se activan 3 respuestas diferentes:

1. Respuesta fisiológica: taquicardia, sudoración, opresión en el pecho, sensación de que nos ahogamos, etc.
2. Respuesta cognitiva: son los pensamientos que tenemos en esos momentos (inseguridad, miedo, anticipación de peligro o amenaza, pensamientos negativos, etc.).
3. Respuesta motora: podemos tener movimientos torpes, quedarnos paralizados, o activarnos sobremanera.

La conclusión es que, al contrario de lo que normalmente pensamos, la ansiedad es una respuesta que nuestro cuerpo da para ayudarnos a sobrevivir. Si seguimos aquí como especie es gracias, en gran parte, a la ansiedad. Ella nos avisa de que algo malo nos puede pasar, y nos mantiene alerta para ponernos a salvo. En la época en que vivíamos en cavernas, esto está muy claro. Cuando los cavernícolas se encontraban en el bosque con un enorme tigre, su cerebro les avisaba y salían corriendo o luchaban contra el animal. Esto mismo sucede hoy en día, con la diferencia de que ahora no nos encontramos con tigres, si no que nos encontramos con situaciones sociales difíciles, con trabajos nuevos, con exámenes o con cualquier otra cosa que nos haga sentir nerviosos. Gracias a la ansiedad somos capaces de rendir en muchas ocasiones de forma eficiente. Si no tuviéramos una ansiedad adecuada estaríamos como sedados, y eso no nos deja evolucionar y desarrollarnos.

¿Dónde puede aparecer un problema de ansiedad? Cuando ésta aparece en situaciones en que no debería hacerlo (por ejemplo, al subir en un autobús) o en una cantidad exageradamente alta (por ejemplo, la que nos bloquea en un examen de  oposición). No hay una ansiedad buena o mala, su esencia siempre es la misma (adaptativa), el problema existe dependiendo de en qué momentos aparece y con qué intensidad. 

 

Si crees sufrir una ansiedad exagerada, no dudes en ponerte en contacto conmigo y solicitar una cita en el 669 054 878 o escribiendo a ecarcelpsicologa@gmail.com

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