08 julio, 2014

El triángulo del amor

Según la teoría triangular de Sternberg, el amor está compuesto de tres variables: intimidad, pasión y compromiso

Cuando empezamos con la fase de noviazgo predomina la pasión, y ésta se dispara rápidamente. Poquito a poco empezamos a instaurar la intimidad y es entonces cuando se crea el amor romántico, al compenetrar estas dos variables. Conforme va pasando el tiempo puede que sólo mantengamos el compromiso en nuestra relación, y ahí es cuando se genera una sensación de vacío en uno de los dos miembros de la pareja, o en ambos.

Lo que sucede normalmente es que, con el paso del tiempo, la intimidad y el compromiso aumentan mientras que la pasión disminuye. Lo idea es mantener un amor completo, donde podemos encontrar la intimidad, la pasión y el compromiso; es decir, las tres variables a la vez.

- Gustar, es intimidad.

- El amor romántico se compone de intimidad y pasión.

- Un simple encaprichamiento es pasión.

- Cuando conseguimos un compañero de vida hablamos de intimidad y compromiso.

- Cuando sólo existe el compromiso, nos encontramos con un amor vacío.

- Cuando sólo sentimos pasión y compromiso, el amor es fatuo.

- El amor es completo cuando disfrutamos de intimidad, pasión y compromiso.

En terapia de pareja podemos trabajar juntos para conseguir llegar a las tres variables simultáneamente. 

 

 

01 julio, 2014

Autoestima y quiérete

La palabra autoestima significa amor propio o autoapreciación. Es la percepción emocional profunda que cada persona tiene de sí misma. La autoestima es un recurso y una función indispensable del organismo para autoprotegerse y desarrollarse. Cuando una persona tiene una autoestima baja, débil, acaba afectándole a su salud, a sus relaciones personales y a su productividad; mientras que el hecho de tener una autoestima fuerte, difícil de quebrantar, potencia a la persona de forma global. 

 

Las personas solemos presentar actitudes hipercríticas hacia nosotras mismas y esto es un síntoma que aparece una y otra vez en los problemas conductuales. Conseguir o mantener una buena autoestima es algo fundamental en cualquier terapia psicológica.

Es muy importante cambiar las convicciones dañinas que afectan a la estima del paciente, disminuyéndola hasta lo más hondo. Existen una serie de ideas irracionales ("no valgo para nada", "todo lo hago mal", "es por mi culpa", etc.) que hacen que nuestra autoestima se resienta y que dejemos de hacer cosas por miedo a hacerlas mal. Esas conclusiones suelen ser erróneas y la buena noticia es que son modificables

24 junio, 2014

Quiero ayudarte

Seguramente te habrás preguntado alguna vez cómo trabaja un psicólogo y quizás, más concretamente, cómo lo hace un psicólogo clínico. Te voy a explicar cómo entendemos los clínicos cognitivo-conductuales (o sea, los que tratamos con los pensamientos, creencias y conductas) los problemas emocionales, y qué es lo que hacemos para eliminarlos.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en Psicología entendemos los trastornos psicológicos como formas de malos aprendizajes. ¿Por qué decimos esto? Vamos a poner un ejemplo. Imaginemos una persona que tiene fobia a los perros, ¿por qué se ha desarrollado este miedo tan intenso e irracional? ¡Hay muchas opciones!

La fobia se puede haber creado:

Por asociación o, en jerga psicológica, condicionamiento clásico; quizás esta persona, cuando tenía 8 años, tuvo una mala experiencia con un perro que le soltó un pequeño gruñido. En ese momento se asoció el perro con el miedo que sintió en ese momento, o sea con ansiedad. Aquí se ha producido un aprendizaje apenas sin darnos cuenta, y ese aprendizaje es perro = peligro.

 Por refuerzo negativo: esto quiere decir que aprendemos a hacer cosas que nos sirven para evitar algo desagradable. En el caso de la fobia a los perros, nuestro protagonista seguramente empezó a evitar lugares o situaciones donde podría encontrarse con estos animales. Está aprendiendo que evitar ciertas situaciones es bueno para él, porque así no sentirá ansiedad. Esto lo único que provoca es que se mantenga la fobia.

Por imitación: ¿a quién no le suena la típica madre miedosa? “¡No te acerques a ese perro tan grande, que te morderá!”. Podemos aprender a tener miedos observando a los demás.

Por refuerzo positivo: aquí aprendemos a hacer cosas porque obtenemos placer al hacerlas, por eso las repetimos. Quizás la persona de nuestro ejemplo tiene miedo a los perros y, sin embargo, le encantan los caballos. Se lo pasa bien paseando con ellos y cuidándolos. De esta experiencia obtiene, lo que llamamos, un refuerzo positivo.

Estas son algunas formas que tenemos de aprender a comportarnos y a pensar de una determinada manera. De la misma forma podemos aprender a sentir tristeza, podemos sufrir una adicción, o podemos tener miedo.

El psicólogo clínico analiza cómo hemos llegado a desarrollar un trastorno emocional a partir de estas leyes del aprendizaje, y una vez se tiene eso claro, ayuda al paciente a DESAPRENDER esa conducta para sustituirla por otra que sea más adaptativa y saludable. Hemos de abrir nuestras mentes y entender que cuando una persona sufre una fobia, una depresión, o cualquier otro problema emocional, no es porque esté enferma o loca, sino que por ciertas circunstancias ha aprendido a comportarse así. Cuando hablamos de comportamiento nos referimos a 3 cosas diferentes: lo que hacemos (conducta motora), lo que pensamos (conducta cognitiva) y lo que sentimos (conducta fisiológica). 

Entendido esto, ¿qué hacemos los psicólogos en consulta? Bien, lo que hacemos es enseñar a nuestros pacientes una serie de técnicas, habilidades y estrategias que les ayuden a afrontar sus miedos y sus problemas. A nosotros nos gusta compararnos con un entrenador deportivo. Los entrenadores, ¿corren por los atletas? No. Los entrenadores conocen técnicas, ejercicios y tácticas que enseñan a sus deportistas para que las vayan practicando, consiguiendo así un alto rendimiento. Igual que el entrenador no corre por ellos, el psicólogo no se puede enfrentar al problema del paciente. Tanto el entrenador deportivo como el psicólogo enseñan cómo manejas ciertas situaciones, además el psicólogo se centra también en emociones y problemas, pero es el paciente el que pone en práctica en su vida diaria lo aprendido en consulta.

Como psicólogos, mostramos el camino correcto a la gente que está perdida, y una vez en el camino, el paciente empieza a superar sus dificultades, acompañados siempre de la luz que les encendemos sesión a sesión.

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