02 diciembre, 2014

Ante la ruptura amorosa

Cuando una relación ya no funciona como debería y se decide acabar con ella, entramos en una fase de duelo por haber perdido a la persona amada (o ya no tan amada) que nos hace pasar por una serie de etapas de dolor, tristeza, frustración y amargura. Cuando un matrimonio o un noviazgo termina es debido a múltiples factores: falta de comunicación, decepciones, rutina, desengaños, entre muchas otras cosas. Así que debemos tener muy claro, cuando afrontamos esta experiencia en la vida, que si se ha llegado a la separación y al divorcio ha sido porque la relación ya no funcionaba y es mejor dejar las cosas justo en ese momento y no más adelante, ya que esperar la imposible reconciliación quizá sólo acarree más desgaste físico, mental y emocional.

Cuando una persona recibe la noticia de que su pareja quiere divorciarse o quiere terminar con la relación, lo primero que tiene que hacer es asimilar la nueva situación (que seguramente no será tan nueva y en muchos casos es algo que se veía venir, en otros no, ya que cada pareja es un mundo). Es necesario entender y aceptar las causas de la separación y tener muy claras cuáles han sido las responsabilidades de cada uno para llegar a esta situación. No estamos hablando de culpas, sino de responsabilidades. Cuando se firma un divorcio lo más normal es que las dos personas que forman la pareja tengan su parte de responsabilidad, quizá una más que la otra pero, en definitiva, ambos tienen que aceptar que han hecho cosas mal.

También es bueno asimilar que, después de la separación y el divorcio, la vida va a cambiar completamente. Es imprescindible ver esta nueva etapa de la vida como una oportunidad y no como una auténtica desgracia. Puede ser un buen momento para crecer como persona, para demostrarse a sí misma lo fuerte que puede llegar a ser y la gran cantidad de potencialidades que posee y que aún no había descubierto. Al producirse la separación, ya sea de mutuo acuerdo o no, todos los miembros de la familia sufren y pasan por una fase de duelo, la cual se supera poco a poco con el paso del tiempo. Sin embargo, si esta etapa de sufrimiento se prolonga demasiado y se convierte en un sufrimiento que impide seguir con la vida del afectado, impidiendo llevar a cabo las actividades cotidianas, es aconsejable buscar ayuda psicológica. Con esta ayuda podrás ser capaz de superar y aceptar la situación de la mejor manera posible, para que puedas seguir con tu vida y, quién sabe, ser más feliz que antes de la ruptura.

 

 

 

 

 

01 septiembre, 2014

La importancia de la calma

Un día de comienzos del invierno, yo me hallaba atravesando un puerto de montaña de una carretera de León cuando, de pronto, mi vehículo se vio atrapado en una fuerte ventisca. La cegadora blancura del remolino de nieve era tal que, por más que entornara la mirada, no podía ver absolutamente nada. Disminuí entonces la velocidad mientras la ansiedad se apoderaba de mi cuerpo y podía escuchar con claridad los latidos de mi corazón. Me puse muy nervioso.

Pero la ansiedad terminó convirtiéndose en miedo y entonces detuve mi coche a un lado de la calzada dispuesto a esperar a que amainase la tormenta. Media hora más tarde dejó de nevar, la visibilidad volvió y pude proseguir mi viaje. Unos pocos centenares de metros más abajo, sin embargo, me vi obligado a detenerme de nuevo porque dos vehículos que habían colisionado bloqueaban la carretera mientras el equipo de una ambulancia auxiliaba a uno de los pasajeros. De haber seguido adelante en medio de la tormenta, es muy probable que yo también hubiera chocado con ellos.

Reflexiona sobre la pequeña historia que acabas de leer y contesta a estas preguntas:

- ¿Qué hizo al notar que se ponía muy nervioso?
- ¿Qué crees que hubiese pasado si hubiera decidido continuar?
- ¿Crees que es útil detenerse y calmarse cuando uno se pone nervioso? ¿Por qué?
- ¿Cómo cambiaría tu vida si decides pararte siempre que te pongas nerviosa o alterada?

15 julio, 2014

Cuando no superamos el dolor

Conocemos el duelo como el proceso que seguimos los seres humanos después de perder a un ser querido. La pérdida es definitiva pero no tiene por qué tratarse de una muerte, también puede ser el hecho de romper con una pareja o terminar una amistad muy importante para la persona. El duelo se trata de una reacción comportamental y emocional traducida en una fuerte tristeza y aflicción, que aparece cuando el vínculo afectivo que la persona mantenía con otra persona, un animal, un objeto o un evento, se rompe.

El proceso de duelo no sólo tiene componentes emocionales, sino también fisiológicos y sociales, lo que se traduce en no poder dormir o comer, o en dejar de salir con los amigos, entre otras muchas más cosas. Las personas elaboramos el duelo y esto quiere decir que se crea un proceso desde que se produce la pérdida hasta que la superamos. El duelo puede comenzar incluso antes de que la pérdida sea efectiva en el caso en que se pueda prever con antelación. La elaboración del duelo es algo que todas las personas realizamos inconscientemente para poder superar de una forma sana una pérdida importante. El problema aparece cuando a la persona le cuesta superar esta elaboración. Aquí es cuando aparece el duelo patológico.

El hecho de pensar sobre la muerte, sobre el fallecido, sobre la ruptura de una relación, es decir, pensar en la persona, objeto o evento amado, con el cual teníamos un vínculo afectivo muy grande y que hemos perdido es normal si se hace poco tiempo después de la pérdida, pero si persiste por un tiempo demasiado prolongado, podemos empezar a pensar que se está desarrollando un duelo patológico. Podemos empezar a hablar del duelo patológico cuando todavía existen síntomas relacionados con el duelo tiempo después al que se considera adaptativo y normal después de la pérdida. Este tiempo ha sido discutido por varios autores y hay algunos que consideran que el tiempo normal de duelo es entre 4 y 6 meses y otros que dicen que es desde un año a un año y medio.

 

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